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Padres después de los 40 años – Rosa y Rafa

“Historias de vida Avantia” Rosa y Rafa, un matrimonio con una experiencia realmente práctica

En esta la última entrega de las historias reales de pacientes en la Clínica de Fertilidad Avantia (Granada), no te puedes perder la experiencia de este matrimonio con el que te emocionarás, reirás y aprenderás. Varios tratamientos de reproducción asistida (FIV) desde dos puntos de vista: el de Rosa y el de Rafa.

Avantia historia de un matrimonio reproduccion asistida alumbra psicologia y fertilidad

Para cuando Rosa y Rafa se dieron cuenta de que algo no iba bien, había pasado un año sin rastro de embarazo. Los dos tenían muy claro que querían ser padres. Hicieron todos los trámites para que les viesen en la consulta de Reproducción Asistida en la sanidad pública. Tenían gran esperanza en los avances médicos y tecnológicos de los tratamientos de infertilidad. La primera entrevista fue penosa para Rosa, se sintió humillada, a sus 38 años le dijeron que tenía que haber acudido antes. Le dijeron literalmente que era mayor y con un material genético algo deteriorado. La traducción que hizo ella fue “eres vieja e inútil”. Lo que realmente pasaba es que su edad era avanzada para los protocolos clínicos establecidos en el sistema público de salud y el médico no tuvo inconveniente en decírselo sin rodeos ni paños calientes.

Rosa se rebela contra los comentarios que la hieren y la devalúan como mujer. Aunque después del diagnóstico tuvieron un momento de shock e incredulidad, “¡si no soy tan mayor!”, no renunciaron a someterse a los tratamientos que fueran necesarios para conseguir el embarazo. Qué paradójico estar gran parte de la edad reproductiva evitándolo y ahora que se desea, que se está preparada… no llega. Rosa y Rafa sustituyeron la palabra problema por reto. La palabra problema los conectaba directamente a dificultad, incapacidad, falta de opciones… víctimas impotentes de la situación. Porque cuando entran en juego las emociones negativas la ansiedad que provocan hace que nuestro cerebro entre en “modo supervivencia” dejándonos sin energía para encontrar recursos: el “no hay nada que hacer” desencadena emociones que nos limitan y a su vez, retroalimentan el juicio de que, efectivamente, no hay salida. La palabra reto abre la puerta a la creatividad, a la superación. Los dos se pusieron manos a la obra y buscaron información sobre los distintos tratamientos de fertilidad.

A Rosa con 38 años le realizaron la primera F.I.V. en la sanidad pública y a los 39 repite. La sensación de falta de control en el futuro, sentimientos negativos, y ese proyecto de vida que habían hilado juntos parecía más lejos cada día. Se repetían “¿cómo lo hemos dejado tanto?”. Las reuniones familiares o de amigos eran un castigo para ellos, odiaban literalmente a los niños de los demás. Las hormonas subían a Rosa en un “tío vivo” emocional hasta tal punto que Rafa decidía salir a dar un paseo para descargar adrenalina. Al rato Rosa se asomaba a la ventana y con un movimiento de mano le avisaba de que ya podía subir, que se le había pasado el subidón de rabia, de tristeza, de cólera o de lo que tocara en ese momento, estaba hipersensible. Ella vivía también con gran estrés las ausencias al trabajo y los comentarios desafortunados de algunos compañeros. Él afrontaba como podía la presión de ver sufrir a su mujer y de no saber qué hacer para ayudarla.

Pero, ¿qué vivía Rafa?

En el primer tratamiento (casualidades de la vida), la enfermera que dio el bote a Rafa para recoger el esperma era ¡¡amiga de su madre!! “El erotismo se me bajó a las suelas”. Lo intentó en una habitación preparada para tal uso y, buscando una revista para llevar a cabo tal labor, “¡Horror! lo primero que encuentro, un titular: África se muere de hambre”. Y el tiempo contando, la enfermera esperando, el pensamiento puesto en que la muestra sea abundante y de buena calidad. Qué presión, qué ansiedad, sin pensarlo dos veces salió corriendo con el bote en el bolsillo, salió del hospital, cogió el coche, chocó con un camión de refrescos, llegó a su casa en la periferia de la ciudad, se tranquilizó y cumplidamente recogió su muestra y rápidamente (antes de 45minutos) entregó su “trofeo” en el hospital. El primer tratamiento no tuvo resultado y lo intentaron de nuevo: esta vez tenían experiencia. Rafa alquiló una habitación cerca del hospital y pudo recoger la muestra de semen con tranquilidad. La pareja disfrutó esa noche de una cena romántica, una renovación de sus votos de amor y un renovado deseo de ser padres. Tampoco hubo suerte.

Estaban muy cansados física y emocionalmente

Pidieron vacaciones adelantadas y se fueron de viaje. Fue terapéutico para ellos. Trazaron un plan, fueron conscientes de su realidad y volvieron con ganas de intentarlo otra vez, pero decidieron cambiar a una clínica privada que les habían recomendado unos amigos que habían pasado por la misma situación. AVANTIA tiene un recuerdo especial en la memoria de la pareja por el cambio que supuso. Ellos tenían otro esquema, otro modelo sanitario. Les sorprendió la luz, ambiente minimalista, cuidado especial, trato personalizado, intimidad, no te cruzas con otros clientes, habitaciones cómodas y modernas. Pero lo que más les impactaba era que no decían su nombre en voz alta para pasar a consulta. Crearon un feeling especial con el personal. Tras la evaluación médica, el doctor les dice que con sus óvulos tienen una mala expectativa de posibilidades de embarazo. La recomendación para su caso es la ovodonación, que elevaría la buena expectativa de éxito. Es decir, utilizar óvulos de una donante y el esperma de Rafa.

Nuevos dilemas para la pareja: éticos, morales y vitales. Después de varias F.I.V. fallidas con su material genético, toca pensar en el siguiente escalón. Esto les supone una nueva adaptación, cerrar un ciclo y abrir otro. Ella centra su atención en lo que tiene y en lo que se le ofrece. Al utilizar óvulos de una donante no va a tener un hijo con su carga genética, que es lo que desea como ser humano que aporta sus propios genes a su sistema familiar.

Piensa y resuelve que la carga genética de Rafa + 9 meses de gestación en su útero + el deseo de traer un hijo al mundo = es una fórmula de expresión de amor más que convincente. Después de tomar una de las mayores decisiones de la vida de la pareja, un 8 de diciembre llega la hora de la transferencia de embriones con donación de óvulos. Resultado: de 4 embriones, 2 se le transfirieron a Rosa y 2 se malograron.

Rosa sale de la clínica con un desánimo especialmente marcado. A sus 41 años tiene el convencimiento de que los embriones no cuajarán. Todo su sufrimiento y su frustración le pesan como una losa. Rafa se esfuerza en animarla con su esperanza y amor incondicional. Ella sólo pensaba “todo ha sido en vano, no puedo más, puesto en una balanza esto no compensa”. Los quince días de la betaespera se hicieron interminables. Cuando la llamaron de AVANTIA ella no quiso ponerse: “¡Enhorabuena Rafa, estáis embarazados!” A Rosa le costó reconstruir su ilusión 8 semanas, no acababa de acomodar en su mente que estaba embarazada. Unos días más tarde empieza a sangrar, “¿qué habré hecho para merecer ésto?”. Ya en la sala de espera de AVANTIA, sin hablar, sin cruzarse la mirada, cabizbajos y angustiados, se sentían como hipnotizados después del shock. Oyeron en el hilo musical una tras otra canciones como El cazador, La lista de Shindler y Titanic. Se miraron e instintivamente se sonrieron “Banda sonora para nuestra tristeza”.

¡No viene uno, son dos!

Los doctores miraban muy fijos la pantalla del ecógrafo y, después de unos minutos que parecieron interminables, se miraron sonrientes. “¡No viene uno, son dos! y el sangrado es un hematoma producido por la implantación”. A partir de ahí, el embarazo ha sido una maravillosa luna de miel. Disfrutando el uno del otro a la espera de la llegada de los dos varones. Ha cambiado mucho su vida, hablan de sus hijos y de la conciliación familiar. Ahora Rafa está en el paro “las cosas no pasan porque sí”: se encarga de los niños a tiempo completo. Nunca pensó que el paro fuera una bendición. Rosa se siente tranquila y feliz de dejar a sus hijos con el padre durante la jornada laboral. Como pareja siempre han sido un buen equipo, han disfrutado de viajes, vacaciones y ahora saben arreglarse con menos. Se intentan dedicar tiempo, almuerzan y cenan juntos, el día es agotador y la cama por ahora la usan para dormir. Esta experiencia les ha aportado crecimiento personal y fortaleza como pareja.

Haz como Rosa y Rafa:

Los recursos de afrontamiento de la pareja:

– Han hablado abiertamente de sus sentimientos

– Jamás han atribuido la culpa de su infertilidad al otro

– Todas las decisiones las han tomado juntos y de mutuo acuerdo

– Comparten un proyecto de vida común antes y después

– Han buscado apoyo social

– Han dedicado tiempo a sus aficiones

– No han perdido el sentido del humor

 

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Elena S. Alguacil


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