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triste en navidad, soportar a la familia

¿Blanca Navidad o NEGRA Navidad?

Categoría : Blog

triste en navidad, soportar a la familiaHay gente a la que le entusiasma la Navidad y gente que desearía que un agujero negro se tragara tanta energía despilfarrada, trabajo, alimentos, regalos y tiempo desaprovechado. Esta es la Navidad comercial que tanto dinero mueve y la que más frustración nos deja. Incluso hay algunos que dicen abiertamente que les gustaría acostarse el 23 de diciembre y despertar el 7 de enero… hay demasiadas pérdidas y sillas vacías. ¿Cómo vamos a transmitir lo que ellos nos dieron si no la seguimos celebrando?

Cada uno vive en su espacio de realidad; lo que vemos es sólo una parte. ¡Claro que la vida es muy dura a veces y  no se puede negar! Pero si sólo ponemos el foco en las partes negativas, llegará un momento en el que surja algo positivo y valioso, pero no lo podremos ver. La percepción de lo que nos rodea y de uno mismo es una construcción cerebral.

“¡Es que no soporto tener que aguantar a estas personas!”

Nuestra familia es la que es y debemos buscar la parte positiva, llevar nuestra atención a la pertenencia a ese clan, a lo bueno que nos aporta; si no a ti directamente, sí a los tuyos. Todos los miembros de ella tienen su lugar. Todos.

El diálogo interno negativo abre espacios emocionales negativos. Nos llevan a una imagen irreal de los demás. Todo depende de las palabras que uses:

  • “Vaya noche me va hacer pasar el cabezón de mi hermano”
  • “¿A esto le llaman noche de paz?”
  • “¡No soporto a la falsa de mi cuñada!”

Las palabras negativas que empleas hacen que la hormona del cortisol suba en sangre, te provoque estrés y, por lo tanto, sufrimiento y un profundo rechazo a esta situación.

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De hecho, cuando somos hipersensibles a los comentarios de los demás es porque nuestro diálogo interno nos bombardea con frases como las mencionadas antes.

Intentar cambiar tu perspectiva negativa te ayudará a manejar mejor tus sentimientos. No te dejes arrastrar, tus emociones las dominas tú.

Pensar bien es sentir mejor.

Si tu diálogo interno te dice, por ejemplo:

  • “¿Por qué tendré que aguantar a mi suegra, que es tan pedante y soberbia?”

Al hablar con ella, le pondrás cara de asco y tono desdeñoso. Que sí… que se te nota mucho, y ella actúa también en consecuencia. Mejor sería:

  • “Siento difícil la relación con mi suegra”

Es más objetivo. Dedica unos segundos a pensar en sus rasgos positivos, todos tenemos, por ejemplo:

  • “Me encanta su sofá” o “Qué rica su sopa” y le tocas el brazo (los humanos necesitamos tocarnos, está en nuestro acervo genético) o la miras a los ojos unos segundos. Cuando dices algo positivo y tocas, es una anclaje.

“¡Yo no soy hipócrita ni falso! ¿Por qué tendría que pasar por el aro?”

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No se trata de faltar a tus principios. Piensa que hay otra realidad distinta alejada de tu foco, de tu forma de ver las cosas. Busca caminos alternativos: amplía tu foco. Y esto, por supuesto, es un proceso. No lo consigues a la primera, sino a fuerza de practicar hasta que creas el hábito. Te harás mucho bien y harás mucho bien a los que quieres.

  • “A mi pareja le encantan los detalles de su madre y a mí me gusta verle contento cuando está con su gente”

Son ejercicios, gestos, que dan sus frutos siempre.

Todos queremos una familia enriquecedora, pero algunos tenemos la versión conflictiva, la versión egoísta, la versión aburrida… Crear una familia, seguramente es una de las tareas más difícil de nuestro ciclo vital.

Un proverbio africano afirma que para criar a un niño hace falta toda una tribu.

Cambia la actitud para que puedas ser parte del cambio a mejor en tus relaciones y tu entorno. No dejarás de ser tú mismo, simplemente, una mejor versión de ti.

 

Elena S. Alguacil


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