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Obligada a interrumpir mi embarazo

Categoría : Testimonios

Queremos dar cobertura y difundir el valioso testimonio de una paciente de Alumbra, quien ha sufrido un proceso realmente duro de Interrupción Voluntaria del Embarazo por razones de fuerza mayor. Nos cuenta paso a paso y al detalle su caso, denunciando socialmente el dolor añadido provocado por la deshumanización del sistema y algunos profesionales.

COMPARTE SU CASO Y AYUDA A DENUNCIAR TANTO SUFRIMIENTO

“Si lo hubiese sabido, me habría ido a una clínica privada para someterme a una IVE (Interrupción Voluntaria de Embarazo), si llego a saber…

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Me vi obligada a interrumpir mi embarazo. Cuando me derivaron del Hospital de mi ciudad para un IVE a una Clínica privada de una provincia vecina, no sabía que en ese momento me estaban bajando el nivel de asistencia sanitaria, no sabía que a las mujeres que abortamos porque nuestros hijos tienen un problema incompatible con la vida, se las manda a clínicas privadas que bien pueden ser de primeros del siglo pasado. Me daban a elegir entre dos provincias, y ninguna la de mi residencia. Elegí la que estaba más cerca. Desde el Hospital me insisten en que “da igual una que otra; el 4 de febrero a las 8.00h le realizarán la interrupción del embarazo.”

No me explicaron ni en qué consiste ni el procedimiento… tampoco yo estaba para mucho entendimiento puesto que era un mar de lágrimas. Lo que supimos más tarde es que no nos enviaban a otro hospital, sino a a una clínica privada…

Yo vivía mi embarazo de 17 semanas feliz.

En todos los controles rutinarios que nos hacen a las embarazadas para detectar anomalías en el feto o malformaciones genéticas, controlar su peso y desarrollo, las mamás somos tratadas con respeto, cariño y atención profesional personalizada. ¿Por qué a las mujeres que se nos prescribe médicamente interrumpir el embarazo, pasan a ser unas excluidas del sistema y se las manda a clínicas de tercera, fuera de la ciudad de residencia de la paciente y su familia?  Atendidas por personal deshumanizado (de tercera también para no desentonar).

¿No les parece a ustedes que ya tenemos bastante sufrimiento por tener que abortar a un hijo? ¿Por qué  añadir más dolor al dolor?

¿Saben las autoridades cómo son esos lugares a donde nos mandan a que nos hagan una intervención en un quirófano? No hay fotos en internet, sólo el nombre…

 

Llega el día:

No podía imaginar cuando salí de mi provincia que me metería en un episodio de la serie de TVE “Cuéntame”, pueden ustedes imaginar el terror absoluto al ver esas instalaciones decadentes y con una falta de asepsia a “ojos vista”.

testimonio alumbra interrupcion voluntaria del embarazoSi creen que el trato del personal sanitario compensaba la falta de instalaciones e infraestructura decentes se equivocan. Me sentí humillada por los comentarios entre ellos sobre nosotras las pacientes. Sin miramiento alguno hacia el gran sufrimiento que provoca saber que unos instantes se apagará esa pequeña luz que tanto ansiaba, que perderé a mi bebé.

Desinformación. Durante las 6 horas del proceso en esta clínica a nosotras las pacientes no nos dejaron tener contacto con ningún familiar (con lo que una presencia querida nos hubiera podido consolar…) aunque nos dijeron que les estaban informando de todo; para mi sorpresa, más tarde descubrí que no habían recibido información sobre mí en esas 6 horas, incluso mi madre pidió hablar al final con el ginecólogo para saber cómo había ido la intervención AL MENOS, y el ginecólogo se justificó diciendo que “debido al volumen de pacientes no puedo dedicarme a informar personalmente a los familiares”.

 

Deshumanizados. – Te adjudican la cama (en mi caso la 4G) y así es como te llaman cuando hablan entres ellos. Te dejan en una habitación muy básica con 6 camas y pierdes la noción del tiempo.

La chica de recepción viene a dar una vuelta por la habitación. Luego se queda en el pasillo y le oigo decir a otras empleadas de la clínica: “Vosotras no sois responsables de nada que les ocurra a éstas, están aquí porque quieren. Lo único que tenéis que hacer es dejar la cama o la habitación hecha para la siguiente, y si se levantan que se levanten.”

Me llevan a “quirófano” para ponerme la vía del suero, me acompaña la única enfermera que estuvo conmigo en todo momento que me fue necesario, me daba la mano y me consolaba, también asistió con cariño a mis compañeras.

Sentada en esa camilla esperaba a que viniese el anestesista a colocarme la vía. Pasaron minutos, ya que estaban todos cambiando los coches porque estorbaban para que saliese un camión. Pude observar mejor aquel “quirófano” mientras lloraba amargamente y hablaba con la enfermera, que me sujetaba la mano. Le conté toda mi historia hasta llegar a conseguir el embarazo deseado y por el cual estaba allí. Cuando por fin aparece el anestesista, me coloca la vía sin guantes y me dice algo así como que no llore más.

Desesperanza. Llega el ginecólogo a colocarme unas pastillas para dilatar el útero. Huele mucho a tabaco y su delicadeza brilla por su ausencia. Tras ponérmelas, se las coloca a mi compañera de la derecha (creo que los guantes no se los cambia porque la caja está delante de mí en un mueble; pero tal vez llevaba otros en el bolsillo de la bata… no lo sé). Empiezan mis dudas, “¿PODRÉ IRME?”, de cómo decirlo, de a dónde ir después de ponerme esas pastillas, de a quién preguntar, de estar sola viendo lo que veo y sin saber cuál sería la mejor decisión, si ya he comenzado el proceso, ¿cómo irme y hacia dónde?… ¡ESCAPAR!

Mis compañeras de ambos lados vomitan y tengo que llamar a las enfermeras para que vengan a atenderlas. De haber podido, yo misma hubiera sujetado su pelo y estado a su lado.

A voces. Veo salir y entrar a otras pacientes a “quirófano”. Cuando acababan con ellas, en varias ocasiones oía decir: “niñas, vamos que ya hemos acabado”, a voces llamar al resto para ayudar y transportarnos en la camilla hasta nuestras camas de nuevo.

En mi cabeza seguía resonando la idea de huir.

La hora de la verdad. El ginecólogo viene a revisarme si estoy lista para entrar a “quirófano”. La enfermera amable viene a por mí; aparece en escena otro señor que está con el móvil en los sofás de fuera medio desparramado: es el que me pone los parches para controlar el ritmo cardíaco, otra chica nueva controla el monitor y es la que me ata las piernas por los tobillos. El anestesista, que ésta vez sí lleva guantes (¿serán nuevos o tal vez los mismos de la chica anterior?) me comenta que deje de llorar, que en un momento estaré dormida. Aparece en mi campo de visión el ginecólogo, miro a mi izquierda a la enfermera, que me coge la mano en todo momento y dejo de estar consciente…

testimonio alumbra interrupcion voluntaria del embarazo 2Aparezco en mi cama mientras me llaman por mi nombre para que despierte. Es mi compañera (ella está de más tiempo y su bebé viene con una malformación en el corazón) que retira la cortina para ver cómo estoy, le cuento mientras lloro todo mi camino y lloro por mi bebé.

ADIÓS. Aparece el ginecólogo y me aprieta fortísimamente la barriga, le cojo la mano y le digo que por favor no me apriete más; me coge la compresa que llevo sujeta con mis piernas y limpia la sangre y observa. Su valoración es que está bien y me puedo ir. Vuelve la enfermera amable que me dice que me siente en la cama para ver si me mareo, me explica que mancharé, la medicación que he de tomar y me entrega una cuartilla plastificada con indicaciones a seguir. Me visto y me puedo marchar. Una vez salgo por la puerta me encuentro a mi madre, la abrazo y le digo: “Mamá, vámonos de aquí”.”

Y, desde Alumbra, nos preguntamos ¿por qué añadir más dolor a dolor? Esta paciente ha sufrido mucho más de lo que debería por la falta de humanidad, delicadeza y empatía. Esta negativa experiencia la acompañará siempre, aumentando el dolor por la pérdida de su bebé. Ella ya ha puesto su caso en conocimiento del Servicio Andaluz de Salud (SAS), como otras muchas mujeres. Compártelo y ayuda a que otras mujeres no pasen por su experiencia en estas circunstancias y puedan realizar su IVE en sus hospitales de referencia.

GRACIAS


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