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5 años de búsqueda con un final feliz

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Yo te entiendo

“I.M. 31 años”

He querido contar mi experiencia (resumida, han sido 5 años muy largos y duros) para que las personas que se encuentran en situaciones similares se sientan comprendidas y vean que todo lo que un día está en contra se puede volver a tu favor. Hay que saber cuándo pedir ayuda, a quién vamos a confiar nuestro problema. Porque es fundamental sentirte acogida por la persona que trata conmigo y sobre todo no rendirse mientras podamos: hay que luchar ha sta conseguirlo. A cada persona le toca vivir algo en la vida y a nosotros nos ha tocado superar esto, así que llevémoslo de la mejor manera posible, siempre con optimismo porque después de toda caída hay que seguir hacia delante. Ésta es mi historia:

Quiero ser madre

Han sido los 5 años más duros de mi vida. Sí, lo sé: somos jóvenes, tenemos tiempo… pero esas palabras no consuelan. Quiero ser madre, desde siempre hemos tenido claro que íbamos a formar incluso una familia numerosa, nos sentimos con unas ganas inmensas de hacer feliz y querer a un bebé y lo queremos aunque seamos jóvenes. Trazas un plan de vida y no nos damos cuenta de que hay muchas situaciones que no podemos controlar, que creíamos que iban a ser de una determinada manera y que son todo lo contrario.

En estos años he aprendido mucho. El sufrimiento y las experiencias te hacen cambiar, madurar y tener las cosas claras.

Cuando llevas más de un año sin  quedarte embarazada y mes tras mes viene de nuevo la regla, empiezas a pensar mucho en todo. Yo creía que lo peor que me podía pasar era que me dijeran que soy  estéril, que no podíamos tener niños por nuestros propios medios, pero no, estaba muy equivocada. La peor experiencia vino después.

La experiencia más dura

Nos dijeron que teníamos problemas de fertilidad y justo varios meses después  me quedé embarazada de manera natural. Todo iba bien hasta que a las 20 semanas nos dijeron que nuestra pequeña Andrea, tenía una malformación severa que no era compatible con la vida.

Tuve que preparar mi útero para un parto; fueron 10 interminables días en los que notaba cómo se movía mi bebé, mi niña Andrea, la cuál se me iba. Cada vez que sentía su movimiento en esos días era como si el cielo y la tierra quisieran aplastarme. Casi a las 23 semanas terminó el suplicio que estábamos viviendo.

Me sentí tan sola, tan vacía por dentro, nadie entendía mi gran dolor. Tuvimos una crisis de pareja bastante fuerte. Mi vida se desmoronó, ese castillo de naipes que construí en mi imaginación se desvaneció.

Mi familia y amigos que tenían niños (todos a esas alturas de la vida) preferían evitarnos, no sabían cómo abordar el tema con nosotros, ni nosotros con ellos, así que acabamos alejándonos prácticamente de todo el que nos rodeaba. En todo ese tiempo sentí que perdí amigos y familiares que ni se atrevían a preguntarnos qué tal estábamos. Nadie se imaginaba la terrible situación por la que estábamos pasando. Éste es uno de los puntos que peor he llevado durante todo ese tiempo. Por otro lado, hicimos amistades con parejas con situaciones similares, son los únicos capaces de entender cómo nos sentíamos.

La búsqueda de ayuda física y emocional

Toqué fondo  y decidí buscar ayuda física. En cuanto a nuestro matrimonio, nos vino estupendamente, pero seguíamos sin conseguir embarazo. Así que decidimos adentrarnos en el mundo de las clínicas de fertilidad. Durante 7 meses realizamos 4 FIV sin resultados positivos.

¡Qué largos se hacen los días! De una vez para otra piensas que no te quedan fuerzas, que lo vas a dejar de intentar porque no es lo que quieres en tu vida: estar triste, hormonada, con cambios de humor, decepcionada… son tantas emociones negativas que se sienten que crees que no compensa, que no puedes vivir así día tras día, mes tras mes, ciclo tras ciclo. El proceso es muy duro, pero sólo tenemos una cosa en mente que nos mantiene ahí: nuestro futuro bebé, queremos ser padres por encima de todo y tenemos que intentar todo lo que esté en nuestra mano.

En estos meses nos pasó de todo: tuvimos que cambiar los preembriones criopreservados de clínica por cambios en las compañías, muchas condiciones adversas en salud, no sentirte apoyada por el equipo médico que te lleva… Cuando se acabaron los intentos me sentí aliviada, descansé del tema por un tiempo pero psicológicamente me sentí hundida, sin éxito ninguno en los procesos de fecundación in vitro.

Fue entonces cuando decidí buscar ayuda especializada en este tema. No todos los profesionales conectan contigo, no con todos te sientes a gusto y eso es un factor clave para gente como nosotros. Mi camino fue aquí donde empezó a cambiar, cuando conocí a Elena y a su página web, Alumbra. Nos pusimos en contacto y comenzamos nuestra terapia. Ha sido la profesional que mejor nos ha tratado, ha sabido entender nuestra situación, nos ha dado unas recomendaciones que a día de hoy seguimos manteniendo. Hicimos cambios en nuestra vida muy importantes: alimentación, relajación, deporte, superación de todo lo que llevábamos atrás, mejoras en pareja… nos hizo sentir de nuevo que nuestro objetivo merecía la pena y empezamos a cuidarnos, a mimarnos y dedicarnos tiempo que hoy día con el ritmo de vida que llevamos es bastante complejo.

Pusimos nuestras células en óptimas condiciones con todas las recomendaciones de Elena: alimentación sana, deporte diario, relajación de nuestra mente a través de mindfulness… todo lo que fuera necesario para volver a conseguir nuestro sueño: ser papás. Estábamos muy motivados y empezamos de nuevo a buscar clínicas.

¿Preparados, listos? YA

Otra vez actualizamos pruebas y profundizaron más y vieron más problemas de fertilidad. Así que en todas las clínicas aconsejaban que realizáramos el D.G.P. (Diagnóstico Genético Preimplantacional) ¡Parecía que  era tan complicado poder tener un bebé! Pero decidimos empezar con ganas, ilusión, con nuestras células óptimas, cuerpo y mente sanos que es fundamental para poder comenzar de nuevo. Como lo llama Elena: maternar. Así que manos a la obra, compramos los medicamentos y esperamos la regla para comenzar, cuál fue la sorpresa más sorprendente (valga la redundancia) de mi vida, que dicha regla nunca apareció. ¡ESTÁBAMOS EMBARAZADOS! Fue lo más bonito que nos ha podido pasar. Ese momento lo vivimos intensamente, incrédulos y por supuesto con mucho temor a que nos volviera a pasar lo mismo. Decidimos mantenerlo entre nosotros hasta que supiéramos cómo evolucionaba todo. Una vez que superamos la barrera de las 20 semanas, el embarazo cambió para nosotros.

Una experiencia única y todo gracias a los cambios en nuestras vidas de hábitos saludables diarios que nos recomendó Elena. Eternamente agradecidos a este equipo pero sobre todo a esta gran profesional que día a día se gana a la gente con su forma de ser tan dulce y agradable, que nos brindó su apoyo incondicional y nos ofreció toda la ayuda y más.

Un comienzo feliz

Y aquí estoy hoy, escribiendo esta carta con mi pequeña en brazos, que es lo mejor de nuestras vidas. Parejas como nosotros vivimos la maternidad y paternidad de manera diferente, más intensamente, sin querer perdernos nada de nuestros bebés, disfrutando al máximo de cada segundo con ellos. No os rindáis jamás si es vuestro sueño, merece la pena y mucho.

Firmado: I.M, 31 años

Paciente real Alumbra


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